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La piel de los dedos

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Katia Belkodja


ISBN: 978-607-8022-22-9
Editor: EyC
Formato: Rústica
Páginas: 113

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Descripción

Yo besé a ese pintor. Como te besé, Doña, ese día, en la explanada de la Place des-Arts. Primero, los labios. Para erosionarlos con suavidad. Su labio entre mis labios, entre mis dientes, caricias juguetonas. Su lengua entre mis labios. Succión. Dulzura. Boca húmeda de una saliva que no es mía. Y el sabor salado de su piel. Hasta entonces nunca había sabido que hacer con eso, con mis labios hinchados, mullidos almohadones inútiles. Salvo apoyar alguna vez sobre sus bordes un dedo dubitativo. Salvo a morderlos y mirar a los hombres turbarse. Sólo por jugar. Siempre fui una niña. Los niños juegan a lo que pueden. Durante el beso, la abuela se calló. Y luego, en Saint-Michel, salimos de allí, hartos de arrumacos, y ella sumergida en silencio. La abuela volvió a cantar. El pintor dijo: su canción habla de amor, de una joven amante en una época en que por definición las amantes carecían de honra. Esta novela es un poema a la piel, a todas las pieles, a la de los Cabila –porque la abuela es beréber– tanto como a la piel de los gemelos. Amar es acariciar, es comer los labios, es vestirse con la piel del ser amado y es sufrir su presencia demasiado intensa, tanto como su insoportable ausencia.

Amar es leer La piel de los dedos, una novela escrita por una joven autora de veintiún años nacida en Argentina y que nos hace viajar en las palabras, en las ciudades, en los sueños…

Información adicional

Peso0.254 kg
Dimensiones22 × 16.5 × 1 cm

Reseña de la autora

Katia Belkhodja nació en un hospital de Kouba, distrito de Argel, el 30 de diciembre de 1986. A los cinco años, dictaba poemas sobre las mariposas a su abuelo. Esos momentos de literatura desafortunadamente no fueron conservados y terminaron como augusta mortaja de peladuras de diversas legumbres. Qué cruel ironía para la pequeña Katia, a quien se forzaba a comer su sopa, justamente de legumbres. Ella tenía nueve años cuando su familia se estableció en el Quebec y descubrió los goces de la temperatura negativa. Más tarde hará estudios de literatura en la Universidad de Montreal, donde habría de terminar su bachillerato… A los veinticuatro años no ha dejado nunca de escribir. Y sigue sin gustarle la sopa de legumbres.

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